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Las Sensaciones No Son Hechos
Cuando pienso que la gente no cumple conmigo, pienso que, “obviamente no les importo”. Recientemente, tuve la gran fortuna de conseguir una terapeuta que cobra honorarios reducidos. Dado que estoy sin empleo, el dinero es un vínculo fuerte y me causa síntomas. Concordé, por correo electrónico, una cita con la terapeuta para la una de la tarde. Me había felicitado porque decidí, planifiqué y actué para asegurar esta cita. Estaba trabajando en el negocio más importante, mi salud mental.
Dieron la una de la tarde y luego la una y veinte; la terapeuta nunca apareció. Esto me sacudió. Inmediatamente, experimente enojo. Sentí que mi tensión aumentaba. Empecé a respirar rápidamente y mi corazón empezó a palpitar. Pensaba que la terapeuta era una irresponsable, cruel que se burlaba de mí.
Reconocí los síntomas y empecé a practicar. Los sentimientos no son hechos. Le di órdenes a mis músculos y comencé a caminar hacia el gimnasio. En vez de expresar mi enojo y buscar una victoria simbólica dejándole un mensaje y usando palabras fuertes, controlé los músculos de mi boca lo suficiente para pedir una simple explicación. Practiqué la paciencia y esperé a oír su razón y me felicité por mi esfuerzo. Horas después, la terapeuta me llamó, y se disculpó conmigo. El administrador de su computadora no estaba permitiendo que recibiera correos electrónicos. Por consiguiente, ella no sabía que yo había confirmado la cita.
Antes de Recovery, esto me hubiera producido pensamientos perturbadores de juicio continuo, permitiendo que el enojo (“temper” de coraje) creara más enojo, la cual no concedía con el lema de la salud mental como nuestra meta suprema. Le hubiera protestado a través de la grabadora de mensaje y enviado una carta grosera. Me hubiera quejado con la persona que la recomendó, con mis padres, mi novia y cualquier persona que me hablara ese día. Y también, me hubiera deprimido y recriminado por ser tan creyente en la buena voluntad de los demás. Peor es que en tiempos atrás, me hubiera castigado haciendo el rol de victima, alimentando pensamientos perturbadores, me daba por vencido, y no intentaba buscar otra terapeuta por varios meses. – Kenneth, Sacramento, Calif.





